capítulo 32
El silencio pesaba como una losa en la habitación. Afuera, la ciudad respiraba con indiferencia, pero entre esas paredes el tiempo se había congelado. Giulio seguía tendido en la cama, con la mirada fija en ella, como si temiera que con un solo parpadeo Rebeca se desvaneciera. La tensión no era la misma de minutos atrás; la pasión desbordada había dejado paso a un territorio mucho más peligroso: el de las palabras que aún no se atrevían a pronunciar.

Ella, con el cabello revuelto y la respirac
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