La cascada bajo la luna
El agua de la ducha caía en un torrente tibio sobre la piel de Rebeca, pero no lograba arrastrar la sensación metálica en sus manos, ni el eco de los disparos. Se había enjabonado dos, tres veces, como si pudiera borrar de su cuerpo las huellas invisibles del crimen. Pero la sangre estaba en su memoria, no en su piel. Cerró los ojos con fuerza y golpeó la pared de azulejos con la palma abierta.
“Dos hombres… dos…”, murmuró entre dientes, con la voz quebrada.
Apagó el agu