Mundo ficciónIniciar sesiónPasamos todo el día juntos, sin que nadie pensara siquiera en venir a molestarnos. Por la tarde salimos con los niños al prado, y Mael cambió por un rato para jugar con ellos. Quillan y Sheila no se apartaban de su lado, felices de volver a estar con él, y me encantaba verlos a los tres juntos, corriendo y jugando.
Era una faceta de Mael que no conocía, aunque en los últimos meses había tenido sobradas oportunidades de comprobar el irresistible instinto paternal de los lobos. Nunca les







