Mundo ficciónIniciar sesiónDerribábamos los sólidos mojones de piedra en la cabecera del puente cuando vinieron a relevarnos. Contemplamos nuestra obra satisfechos: el arco que ahora se interrumpía en su punto más alto, a mitad de camino de la otra orilla, y lo que quedaba del esqueleto dañado de puntales que Owen y los suyos no tardarían en destruir.
Había unos treinta metros entre la mitad sana y los últimos puntales que aún se sostenían. Una distancia demasiado grande para que cualquier animal en cuatro patas







