Mundo ficciónIniciar sesiónRegresábamos a la iglesia cuando me di cuenta que algo le ocurría a Ragnar. Nada físico, nada notorio en su esencia, pero advertía una mezcla de inquietud y vacilación que nunca antes le viera.
—Adelántate, ya vamos —le dije a Mendel, que me echó un vistazo y obedeció en silencio.
Me volví hacia Ragnar, y su cara reflejó contrariedad al enfrentar mi expresión interrogante.
—No tienes que decirme nada que no quieras, Ragnar —me anticipé—. Sólo quiero que sepas que me doy c







