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Mientras yo buscaba formas de asegurar nuestra frontera y no pensaba más que en la guerra, Risa pensaba en la vida y en nuestra familia.

Malec ya había cumplido los seis meses, pero aún se alimentaba cada cuatro o cinco horas, y al cuerpo de Risa le costaba seguir satisfaciendo el apetito insaciable de un pequeño lobo. Además, la necesidad de despertarse a darle pecho por la noche también comenzaba a hacerse sentir.

Maeve le aconsej&oacu

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