¿Cuánto tiempo había pasado realmente? Mi mente decía que habían pasado dos meses, mi cuerpo se resistía. Para mi cuerpo, el tiempo en las profundidades de las Cavernas de Ónice no se medía por el tránsito del sol o las fases de la luna. Aquí abajo, en el vientre de la montaña, el tiempo se calculaba por la cantidad de sudor derramado, por los moretones que florecían en mi piel y se desvanecían gracias a mi sangre de Alfa Pura, y por el constante, ensordecedor y rítmico latido del fuego y la so