Las palabras no eran palabras. Eran un anzuelo. Una afilada e invisible púa de concepto puro que se había clavado en lo más profundo de mi mente. Vengan por nosotros. No era una amenaza. Era una invitación. Una convocatoria desde un lugar que no tenía derecho a existir, señalando una ubicación que no debería ser real. El silencio que siguió fue más pesado que cualquier sonido, un peso que se apoyaba sobre mis hombros, sobre mi propia alma.
El brazo de Ronan era una banda de acero rodeándome, ll