El silencio en el laboratorio era algo pesado, sagrado. Era el silencio de un mundo conteniendo la respiración. Vigo había desaparecido, borrado no por la violencia, sino por una ciencia fría y aterradora que no podíamos comprender. Su pequeño dispositivo negro yacía en el suelo, la promesa de un horror que se sentía demasiado vasto, demasiado ajeno, para procesarlo.
Los guerreros de Ronan, una mezcla de leales rescatados y lobos recién liberados, estaban en la entrada, sus rostros una mezcla d