RONAN P.O.V
El aire en Madrid era diferente.
Era una manta espesa y sofocante hecha de un millón de vidas humanas. Una sinfonía caótica de bocinas, música lejana y los latidos frenéticos y ansiosos de una especie que vivía toda su vida con prisa. Era un mundo completamente distinto al silencio limpio y perfumado de pino de nuestras montañas, y cada respiración se sentía como una violación. Un recordatorio de lo lejos que estábamos de casa. De lo lejos que estaba de Elara.
El vínculo era un dolo