El aire en el balcón era un ser vivo, denso con amenazas no dichas y el poder crudo e indómito de dos lobos Alfa enfrentados. Las palabras de Vigo, susurradas como el veneno de un amante, se habían filtrado en el mismísimo tejido de la noche.
Apártate, Ronan. Déjame salvar a nuestra manada de tu error.
A través del vínculo sentí la reacción de Ronan. Fue una oleada de furia pura, desatada, tan ardiente y violenta que casi me hizo jadear. Pero enseguida fue reemplazada por una fría y aplastante