La partida de la Espiral de la Serpiente fue un asunto solemne y silencioso. Los guerreros Acechadores de Arena, una docena de lobos magros y nervudos con ojos como obsidiana pulida, se fundieron con nuestro grupo con una gracia silenciosa y fluida. Se movían de forma distinta a los lobos Colmillo de Sombra; no con la fuerza bruta de las montañas, sino con los movimientos fluidos y económicos de criaturas que han aprendido a conservar cada gota de energía en una tierra hostil.
Zola estaba con s