La decisión de partir fue un peso que se asentó sobre toda la guarida, una manta densa y solemne de responsabilidad. Al día siguiente fue un torbellino de actividad silenciosa y eficiente. No hubo grandes discursos, solo miradas cargadas de significado y apretones de manos firmes entre lobos que se preparaban para una separación larga e incierta.
El consejo no se celebró en las estancias de Ronan, sino en el espacio abierto de la caverna principal, para que toda la manada pudiera presenciar la