El avance no fue una cura, sino una recalibración. Kaelen ya no era un hombre que se ahogaba; era un nadador que finalmente había aprendido el arte de la brazada. Las sesiones en la Cámara del Desahogo cambiaron. Elina ya no era solo una cuentacuentos; era una tutora. Fen ya no era solo un ancla; era un vigía. Y Kaelen era el estudiante.
El Abad le trajo una piedra de río simple y lisa. —Sostenla —instruyó—. No intentes vaciar tu mente. Llénala. Cuéntanos qué dice la piedra.
Kaelen cerró los oj