El decreto del Abad cambió la atmósfera de la abadía. El silencio opresivo y juicioso se suavizó hasta convertirse en algo más intencionado, como la quietud del estudio de un músico antes de una función. Los hermanos ya no se limitaban a observar; empezaron a ayudar. Trajeron agua, comida y, lo más importante, su presencia inquebrantable y libre de juicios.
La Cámara del Desahogo se convirtió en su mundo. Elina, el Abad y Kaelen estaban en el centro. Fen y Lira tomaron posiciones justo fuera de