La mañana había comenzado como cualquier otra, silenciosa, tensa, con el cielo cubierto por una neblina espesa que se enredaba entre los árboles del bosque.
Fanny había salido temprano, como siempre, con su cesta y sus frascos de hierbas. Ya no intentaba forzar su presencia entre los demás, las palabras que le habían dicho Mark aquel día se habían clavado muy profundamente en ella. Y es por eso que ahora intentaba hacer las cosas a su manera y no para gustarle a nadie. Mireya la saludó con un l