La luz entra tímida por la rendija de las persianas dándole directamente en la cara, se remueve incómoda por la sensación extraña que siente en la piel. Emily se revuelve entre las sábanas, despierta sin desperezarse aún envuelta en el calor de la madrugada. Su cuerpo está tibio, su piel húmeda, y su respiración se siente más pesada de lo habitual. Abre los ojos lentamente, como si temiera que el mundo la recibiera con una verdad que no quiere enfrentar.
El camisón está húmedo por el sudor que