Una vorágine de emociones lo atraviesan al ver a Darko con la cabeza cubierta de gasas, con un par de pequeños tubos en la nariz y los drenajes que recogen el liquido que sale de sus heridas. La luz blanca lo enceguece, pero observa perfectamente que se encuentra atado. Las correas atraviesan el pecho, las caderas, rodillas y tobillos impidiéndole el movimiento. Cierra los ojos, toma una respiración furiosa sin hacer ruido y los abre de nuevo sintiéndose un poco mejor o quizás, un poco más tran