Nicolay sube las escaleras del calabozo con el rostro de piedra. Cada paso que da parece retumbar en el silencio de la mansión, que ahora se siente más como una tumba que como un refugio. Entra en su oficina y cierra la puerta con un golpe seco, buscando aire puro, pero el olor a hierro y a la sangre fresca de Clara parece haberse quedado pegado a su ropa. No siente lástima por ella; lo que siente es un asco profundo. Los Maldonado son un desastre que no deja de ensuciar su casa, una estirpe po