Emily tiembla copiosamente ante el rugir de las aspas de helicóptero que es ensordecedor, pero no logra aplacar la palabrería incoherente de Vasela que parece estar en un trance al observar el mar abierto desde donde se encuentra sentada. Vladimir solo mira hacia el cielo con una expresión de niño asustado y el hombre que conduce el aparato, Ignasi, trata de mantenerlo elevado considerando que el tablero no para de pitar como si fuese una maquina de hospital.
El copiloto, un hombre entrado en a