En los tunéleles, el agua no solo esta helada, sino que huele a excremento viejo y a orina de ratas. Nicolay avanza con el agua por la cintura, sintiendo el salitre y la brea pegándosele a la piel. A su lado, Darko y Dimitri no dicen ni una palabra; solo sostienen sus rifles listos para disparar a cualquier cosa que se mueva delante. El eco de las gotas cayendo en el concreto pone a Nicolay de los nervios, pero lo único que tiene en la cabeza es sacar a Emily de ese agujero.
—La señal está fija