La cabeza de Emily da vueltas, así como los da la habitación, intenta abrir los ojos, pero pese a la lentitud con que lo hace igual el mareo la azota. El sabor amargo de El cloroformo continúa en su garganta provocándole náuseas muy violentas que la obligan a sentarse de golpe, instintivamente lleva sus manos al vientre y al abrir completamente los ojos se da cuenta de que Está rodeada de muebles de caoba y cortinas de terciopelo tan grueso que bloquean la luz del sol. Se haya sentada en una ca