Los días posteriores a la fiebre se convirtieron en una especie de retiro forzoso pero dulce para Valentina. Fiel a la orden de Declan, permaneció en casa, pero no estuvo sola ni un instante. Luna, sintiéndose profundamente culpable por no haber evitado que su señora saliera aquel día de tormenta, se transformó en su sombra protectora.
—¿Necesita otra manta, señora? ¿Quizás un té de jengibre para las defensas? —preguntaba Luna cada hora, apareciendo con bandejas de frutas cortadas o jugos vita