Mila caminaba de regreso a su auto, sintiendo que sus piernas pesaban como plomo. El encuentro con Declan la había dejado exhausta, drenada emocionalmente. Aquel hombre había sido para ella una figura de temor, una sombra poderosa que imponía respeto y distancia con solo una mirada. Haber tenido el valor de enfrentarlo, de sostenerle la mirada y decirle sus verdades, le había acelerado el corazón a un ritmo peligroso.
Pero ahora que el silencio de la noche la envolvía, un sabor amargo le subía