Esa mañana en Florencia, el sol ya estaba alto cuando Valentina finalmente abrió los ojos. Se había levantado mucho más tarde de lo habitual, producto del agotamiento físico y mental que la venía arrastrando. Sin embargo, su despertar no fue tranquilo. Unos golpes suaves pero firmes en la puerta principal la pusieron inmediatamente en estado de alerta.
Su corazón dio un vuelco violento. Con la reciente confesión de Mila resonando en su cabeza —esa aterradora confirmación de que Declan ya sabía