El Duque tosió copiosamente mientras uno de los criados desenrollaba la cuerda de cuero alrededor de su cuello; quedó unos minutos más de rodillas en el piso, sentado sobre sus talones, no solo dañando sus finísimas botas sino el perfecto lino del pantalón del Morning Coat que lucía esta mañana.
Jamás se había sentido tan humillado; sin embargo, decidió no hacerse ver afectado para evitar que la joven se sintiera ganadora. Levantó su cuerpo del piso ágilmente, aunque temblaba de rabia, y observ