Clarisse regresó a la Mansión Morrison con Anston en el carruaje, escoltados de cerca por el Duque de Cambridge; no podía dejar de pensar en las sensaciones raras que había experimentado en la comisaría, ya que se sentía extraña todavía. Si bien podía ser versada en algunas cosas que a las damas les estaban prohibidas, este tipo de conductas referentes al sexo opuesto las ignoraba por completo, aunque el susodicho Duque, al parecer, se sentía muy cómodo cuando se encontraba cerca de una mujer.