— ¿Cómo se atreve a hablarme con tal confianza? —lanzó la rama que apretaba entre sus manos, ensuciando sus ya no tan impolutos guantes—. ¡Y peor aún! ¿Cómo se atreve a faltarme al respeto de esa manera? —se acercó levantando los puños, queriendo golpearlo hasta el desmayo.
— ¿Disculpe? —expuso en tono de burla—. Ha sido usted quien comenzó a ofender, ¡me excuso por defenderme! —No levantó la voz, pero fue tan firme que ella retrocedió al ver que daba un paso hacia adelante—. Ahora… si no es mu