— ¡Me ha rechazado! —expresó en voz alta sin querer.
— ¿Quién? —Charles arrugó el entrecejo—, ¿estás bien, Mason? —él negó.
— Esa mujer del demonio me ha rechazado otra vez —tomó una gran bocanada de aire—, me obligará a hacer las cosas a la mala, ¡yo no soy un niño! —rugió.
— ¡Vaya, sí que estás afectado! —Mason miró a su primo con aburrimiento—, ¿a dónde vas? —levantó la mano hacia él, ignorándolo, y salió del comedor.
— ¡Basilio, Basilio! —gritó irritado, llamando a su criado para que lo lle