Dentro del despacho, lord Morrison miró fijamente a Clarisse y esta sintió como la aflicción se apoderaba de su cuerpo, el miedo amenazó con quebrarla por completo. Su padre sostenía la copa en la mano sin probarla, mientras ella ya se servía la cuarta cuando unos toques secos y autoritarios resonaron en la puerta.Clarisse saltó de la silla, tambaleándose ligeramente por el efecto del alcohol. Empinó el cuarto trago justo en el momento en que, el mayordomo, aparecía con el rostro pálido.—La Duquesa de Cambridge y su sobrino, el Duque —anunció el hombre con voz temblorosa.—Espero que se haya dado cuenta del error que ha cometido, Lady Morrison —expresó la Duquesa, entrando como una ráfaga de viento helado, directa y sin protocolos.Clarisse levantó el mentón. El brandi bullía en sus venas, dándole una valentía peligrosa. Dio un paso al frente, ignorando la mirada de advertencia de su padre.—Me disculpo, Excelencia, pero él... —Señaló al Duque con un dedo acusador, olvidando toda et
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