Gritos de horror recibió Clarisse ante su declaración; las jovencitas ni siquiera fueron capaces de imaginar el escenario descrito por la mayor de las Morrison, a quien pareció no afectarle en lo más mínimo. La sola mención de leer la prensa o algún otro libro que no se refiriese a romance, moda o cocina era causa de escándalo entre las damas de la alta sociedad inglesa.
— ¿Peleas? —inquirió Viviane con voz estrangulada y chillona—, ¿quieres decir… golpeándose? —Clarisse y Anston asintieron.
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