Pensativa y desolada en su habitación de la enorme mansión Morrison, Clarisse caminó de un lado a otro ya que se acercaba el momento de presentarse en la delegación para enfrentar al hombre que la quería desposar de manera no solo obligatoria, ¡sino que hasta pensaba que lo amaría!
< ¡Está demente si cree que me enamoraré de él! >, pensó cerrando los ojos, conteniendo las lágrimas.
Era el segundo día que permanecía encerrada en las cuatro paredes porque las chicas se hallaban en un baile para d