A la mañana siguiente, la señora Kessler apareció en mi puerta.
—La señora Blackwood la espera en el salón principal. Debe acompañarme ahora mismo.
No me preguntó si estaba ocupada. No me dio tiempo a peinarme. Solo se giró y echó a andar, esperando que yo la siguiera. Y yo la seguí. Porque en esta casa, siempre seguía a alguien. Eso me estaba cansando.
El salón estaba bañado por la luz de la mañana. Regina estaba de pie junto a la chimenea, con las manos entrelazadas y la espalda más recta que