El golpe contra la roca le arrancó el aire de los pulmones. Por un instante, Tala creyó que todo había terminado de nuevo. El recuerdo de su muerte pasada se mezclaba con el dolor actual: la sangre tibia en su frente, las costillas punzantes, el eco de la traición.
El silencio del barranco era sepulcral, roto apenas por el murmullo del viento que subía desde lo profundo. Abrió los ojos con esfuerzo. Aún respiraba. Aún sentía el palpitar de la vida en su vientre.
El dije ardía contra su piel, ti