***** Día uno (1):
Al día siguiente el sol apenas había cruzado la línea de los árboles cuando Ruddy apareció en el umbral de la choza. No llevaba guardias ni insignias, solo el gesto tenso de quien intenta parecer sereno. Tala, sentada junto al fuego, levantó la mirada despacio, fingiendo sorpresa.
—Alfa —dijo con voz suave, la suficiente para sonar agradecida.
Él avanzó un paso, observándola con atención. Su mirada se detuvo en su vientre, en sus manos, en la calma con la que respiraba.
—Solo