El Alfa del Sur se detiene frente a Tala.
Su sombra la cubre por completo, pero no como una amenaza… sino como un muro entre ella y el mundo que intenta devorarla.
La plaza entera contiene el aliento.
Él la observa sin tocarla, sin inclinarse, sin arrodillarse.
Solo mira.
Y en ese instante, hay algo antiguo en sus ojos.
Algo que Tala reconoce:
Respeto.
No compasión.
No lástima.
Respeto.
Ruddy aprieta los puños, temblando por la humillación de verse opacado.
—¿Qué haces aquí? —escupe, su voz cargada de rabia y miedo disfrazado—. Esto no te concierne, alfa.
El Alfa del Sur gira apenas el rostro hacia él, su expresión completamente neutra.
—La luna me llamó —responde.
Y esas palabras hacen que más de uno se arrodille por puro instinto.
Los ancianos intercambian miradas.
La joven vidente siente un escalofrío recorrerle la espalda.
Tania traga saliva, sintiendo que su poder de persuasión… no funciona con él.
El Alfa del Sur vuelve la mirada hacia Tala. Sus ojos dorados se suavizan apenas u