La noche era un manto pesado que no ofrecía refugio. Tala, sola en su habitación, no conseguía controlar el temblor de sus manos. El colgante que había visto en el cuello de Tania se repetía en su mente como un eco maldito. Pero lo que más la perturbaba era la mirada de Ruddy: esa ausencia de sorpresa, esa aceptación silenciosa que gritaba traición, sin importar el pasado, antes podía sacarlo del juego, sabía que solo era manipulado por el poder de Tania y por eso actuaba de esa manera, pero ah