Su corazón se fracturaba en fragmentos de ira, asco, rencor y tristeza. Pero no se detuvo.
—Supongo que has escuchado el dicho de que a un roto le queda bien un descosido. Como dijo tu amigo, Mónica y tú son tal para cual. Tú y yo no. Me costó un mundo salir de ese infierno y no pienso volver a caer. Un hombre que engaña me da asco. Con solo verte se me revuelve el estómago. Olvida que me vaya a comer lo que trajiste; con verte a ti ya se me arruinó el día. Así que, por favor, te lo ruego, déjam