Cuando Regina cruzó la puerta, se encontró con un desfile de vestidos elegantes y el tintineo de copas. Era como entrar en otro mundo. La familia Salinas, una de las cuatro más importantes de la ciudad, destacaba con creces sobre las demás.
Todas las invitadas llevaban vestidos de noche. Solo ella vestía una blusa y pantalones anchos, un atuendo profesional que desentonaba con el ambiente festivo. Por eso, en cuanto entró, todas las miradas se posaron en ella.
Un grupo rodeaba a la protagonista