Gabriel apagó el cigarrillo, caminó hasta quedar frente a ella y le ofreció el termo que llevaba. Regina salió sin mostrar emoción alguna y cerró la puerta a sus espaldas. Lo ignoró y se dirigió hacia el elevador. Sin embargo, él la alcanzó y la sujetó de la mano. Ella se volteó para fulminarlo con la mirada. Él tragó saliva con dificultad.
—Desayuna antes de irte —le dijo con voz ronca.
—Suéltame.
Esta vez, la dejó ir sin forcejear. Observó su expresión sombría y, al recordar cómo se había sobr