—¡Perfecto, entonces ya no te digo nada!
Andrea dejó el celular sobre la mesa y siguió con su desayuno.
En ese momento, sonó el timbre.
—¡A ver si es la señora!
Se levantó para abrir. Sin embargo, al abrir la puerta, se encontró con Maximiliano. Su expresión se agrió al instante.
—¿Tú qué haces aquí?
Él también arrugó la frente al verla.
—¿Ya se despertó Regi?
Notó el termo que él llevaba en la mano y esbozó una mueca.
—Sí, ya se despertó, pero tú no eres bienvenido aquí.
Sabía que con Andrea si