Se dio cuenta de que algo estaba mal con el bebé y, aguantando el dolor, se vistió a toda prisa.
Tomó su celular y su bolso y bajó las escaleras. La noche la recibió con viento helado y, en cuanto salió del hotel, el dolor en su vientre se intensificó. Vio un taxi estacionado afuera y subió.
—Por favor, lléveme al hospital.
El taxista la miró por el retrovisor, bajó la vista hacia una foto en su celular y asintió.
—Claro.
El dolor de Regina se volvía cada vez más insoportable. Junto con las punz