Regina, con los ojos enrojecidos y una mezcla de furia y decepción, clavó la mirada en Gabriel.
Era claro que él no esperaba que Mónica se atreviera a tanto. Con el semblante endurecido, apartó de un manotazo la mano de Andrés.
Se dio la vuelta y salió corriendo del salón privado.
Alterado, fue tras ella a grandes zancadas. Apenas cruzó el umbral, la alcanzó y la sujetó del brazo.
—¡No me toques!
Su voz sonó aguda mientras se retorcía para liberarse, las lágrimas rodando por sus mejillas una tra