Gabriel estacionó el carro frente al Hotel Real de Minas.
Cuando quitó los seguros, Mónica se quitó el cinturón, lista para bajar, pero se detuvo y volteó a verlo.
—¿No quieres subir un rato?
Gabriel clavó la mirada en ella.
—Tengo esposa.
La respuesta fue como una cachetada. Mónica sintió que la cara le ardía y se apresuró a justificarse.
—Solo quería invitarte un café, para seguir platicando… No tengo muchos amigos. Pero tienes razón, no se ve bien. Lo siento, no debí decir eso.
Él no respondi