Capítulo 218
La mirada de Gabriel era amenazante.

—¿En serio crees que no te puedo hacer nada?

—No sabía que era tu mujer —dijo Eduardo con sarcasmo—. Pero ahora que lo sé, tranquilo, primo. No la vuelvo a tocar. Hasta yo tengo palabra. Una noche así no tiene precio. Diviértanse. Yo me largo.

Eduardo se marchó con aire prepotente.

Gabriel lo vio alejarse, con la cara contraída por el enojo.

Mónica, que había permanecido a un lado, lo miró y dijo en voz baja:

—No pensé que vendrías por mí.

Él le dirigió una b
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Imelda Aguirremmm si supiera que ya no va a ver premio jejeje por ir por esa zorra
RufinaEsa Mónica es un grano en el culo. Odio esas mosquitas muertas. Qué la deje en el hotel y se vaya. Es la cuñada, por Dios.
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