Ragnar no dijo una sola palabra durante el camino. Mantenía la mandíbula apretada, la mirada fija al frente y el paso firme como si cada pisada contuviera la rabia que no se atrevía a soltar. Lyra lo miró de reojo, aún sentía la calidez de las manitas de Elia aferradas a la suya. Había sido un gesto dulce, inocente, las gemelas y su padre solo querían que fuera con ellos un rato... ¿por qué entonces Ragnar había reaccionado así?
Cuando cruzaron la puerta del dormitorio, él cerró de golpe y la mi