Ragnar se levantó antes del amanecer. Había dormido poco, apenas unas horas, pero su mente ya llevaba días girando en torno a lo mismo: Bertulf.
Sabía que no podía esperar más. El Alfa del Sur era un tramposo, un mentiroso y un estratega retorcido. Si no hacía algo pronto, él atacaría primero.
Por eso, cuando Dean y Nolan llegaron a la oficina, Ragnar ya los esperaba con un mapa extendido sobre la mesa, tazas de café, y una expresión que dejaba claro que la reunión sería larga.
—Bien —dijo Ragn