En la manada Sur, el aire estaba cargado de tensión. Bertulf caminaba de un lado a otro en su despacho, un gruñido bajo escapando de su garganta mientras el mensajero aguardaba frente a él con la cabeza gacha.
—¿Así que el muy idiota aceptó? —rugió, lanzando un puñetazo contra la mesa. El mueble tembló bajo el impacto—. Ragnar… siempre con su maldita honorabilidad.
El mensajero tragó saliva, sin atreverse a levantar la mirada.
—Sí, mi señor. Ha convocado el duelo entre Alfas y lo ha declarad