El barco negro encalló en el arrecife con un estruendo metálico. De él descendieron figuras envueltas en túnicas de un rojo tan oscuro que parecía negro bajo la luz de la luna. Eran los fanáticos de Lilith, guerreros que se habían cosido las bocas y cuyos ojos habían sido arrancados para "ver" solo a través de la sangre.
Alaric salió a la arena de la playa privada, con su torso desnudo y marcado por los rasguños de Elora. Empuñaba una espada corta de acero antiguo que emitía un frío glacial. D