Me mira con una ceja enarcada y baja el volumen de la música con los mandos del volante.
—Desde que tenía veintiún años.
—¿Tan joven? —pregunto, y mi tono evidencia mi sorpresa.
Él me sonríe.
—Heredé el hotel de mis padres.
—¿Fallecieron?
Su sonrisa desaparece.
—Sí.
Vale, ahora quiero saber más.
—Lo siento mucho. —Un silecio nos rodea pero sigo queriendo saber más—. ¿Cuántos años tienes, Nick?
—Veintisiete —responde totalmente impasible.
Suspiro.
—¿Por qué no quieres decirme tu edad